Este es la primera de una serie de reflexiones sobre las implicaciones más profundas de nuestro enfoque de la sostenibilidad, el cambio climático y la justicia social. El Programa de Green Commodities del PNUD trabaja para fomentar la confianza y la acción colectiva a través de la colaboración de las múltiples partes interesadas para el cambio sistémico (Multi-stakeholder Collaboration for Systemic Change). Esto significa fomentar cambios en las mentalidades y creencias, tanto en la forma en que funciona el sistema como en el potencial para cambiarlo. En los próximos meses, diversos expertos en la materia debatirán a través de una serie de blogs los factores humanos que subyacen a nuestra labor, lo que contribuirá a que se comprenda mejor por qué hacemos lo que hacemos.

 

Este blog está escrito por Andrew Bovarnick, Director Global de Sistemas de Productos Básicos Alimentarios y Agrícolas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

 

A medida que avanza el COVID-19 en todo el mundo, han surgido muchas publicaciones recientemente en la comunidad conservacionista que se centran en cómo la conservación de la naturaleza será clave para evitar otra pandemia. Me pregunto si el mundo escuchará. Hemos visto una y otra vez cómo los líderes mundiales eligen soluciones técnicas y no basadas en la naturaleza. Para contrarrestar esto, el PNUD ha elaborado un plan detallado de respuesta y recuperación ante la pandemia del coronavirus, aprovechando el poder de la naturaleza para acelerar el progreso hacia el logro de los objetivos de biodiversidad y clima y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Creo que junto a las explicaciones científicas de los vínculos entre la deforestación y las enfermedades zoonóticas, está surgiendo una relación mucho más grande: el cuidado hacia los demás. ¿Por qué es esto tan importante?

Nuestro reto para sostener la naturaleza del planeta no es la falta de conocimiento, sino la falta de voluntad. Conocemos las soluciones técnicas necesarias para frenar el proceso, pero no hemos podido convertirlas en las acciones a gran escala que salvaguardarán el clima y la naturaleza. La pregunta fundamental a la que nos enfrentamos es por qué sabemos qué hacer y no lo hacemos. Aunque sigo defendiendo las soluciones técnicas para guiarnos, creo cada vez más que necesitamos aprovechar el poder de las emociones y las creencias para apoyar los hechos y las cifras que rigen la toma de decisiones de la sociedad.

Los estudios muestran que los humanos tienen la tendencia de buscar e interpretar la información de manera que ésta refuerce sus creencias y valores. Si queremos hacer un cambio significativo, debemos comprometernos con la mentalidad y las creencias. Así que si podemos alinear la conservación de la naturaleza con lo que a la gente le importa, tenemos la oportunidad de impulsar nuestra capacidad para hacer cambios. Pero incluso antes de atrevernos a mirar la relación de la gente con la naturaleza, necesitamos mirar las relaciones de la gente consigo mismos y entre ellos. Si las personas no se preocupan por los demás, ¿cómo van a preocuparse por la naturaleza? Aprender cuándo y por qué la gente se preocupa es la clave del cambio. Si logramos entender los verdaderos motivos detrás de la toma de decisiones, el camino para entender cómo mejorar la eficacia de las medidas de conservación y encontrar la cura para la naturaleza se iluminará solo.

Y bien, ¿qué es lo que motiva a la gente a diario y conduce a su toma de decisiones? El deseo universal de ser feliz. Este deseo, en sí mismo, es noble. Sin embargo, la creencia mundial dominante es que la felicidad se deriva de la ganancia material. Si consigo comprar una casa más grande seré feliz. Si consigo ese coche tan bonito seré feliz. Siempre buscando alguna ganancia material para aumentar la felicidad. ¿Pero qué pasa si este no es el camino correcto? Los estudios muestran que más allá de un ingreso mínimo para satisfacer las necesidades básicas, la felicidad no se correlaciona con el ingreso, sino que proviene del interior y de la conexión y las relaciones con la gente y la naturaleza.

¿Y si pudiéramos ayudar a la gente a que pase del materialismo y la satisfacción motivada por factores externos, a la felicidad interna? En los países desarrollados, la pausa impuesta por COVID-19 está demostrándonos que podemos disfrutar de la vida en casa con un consumo reducido, un ritmo más lento, más tiempo en familia y una oportunidad para preocuparse por los demás. La reducción del consumo no tiene por qué significar un impacto negativo para la economía. Podemos pagar más por alimentos cuyos precios incluyan una apuesta por la calidad de vida de los agricultores y el medio ambiente. Muchos dirían que esto no puede suceder, pero miren las muchas soluciones que han surgido a raíz de la crisis del coronavirus - ¿no ha sucedido ya lo imposible, de incontables maneras? Estamos en una encrucijada en el tiempo y es ahora cuando surge una oportunidad única.

En concreto, ¿qué pasaría si usamos lo que hemos aprendido de la pandemia para encontrar una manera de vivir basada en una relación con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza cuidadosa, nutritiva y próspera?

Hasta hace poco parecía haber mucha evidencia que demostraban que la gente se preocupaba cada vez menos, en lugar de más, por los demás.  Sin embargo, la pandemia ha desencadenado una ola de cuidado y compasión. Esta atención y compasión emergentes son la clave no sólo para la recuperación del mundo de COVID-19 sino también para la sostenibilidad del planeta. COVID-19 nos ha permitido echar un vistazo a lo que se puede lograr cuando la voluntad esté centrada en torno al cuidado de las personas. Los gobiernos han pensado en las personas antes que en la economía y se han apresurado a ofrecer apoyo a la población más vulnerable ante la crisis del COVID-19. Los paquetes de estímulo nacionales oscilan entre miles de millones y billones de dólares. Los gobiernos se han centrado en salvar vidas y asegurar el empleo, proporcionar prestaciones por desempleo y efectivo a los trabajadores y hogares, y proporcionar liquidez a las empresas en todos los sectores de la economía. Junto con esto vemos movimientos masivos de voluntariado: compra de comida a personas mayores que están en aislamiento, gestión de bancos de alimentos en línea, y se han donado enormes sumas a organizaciones benéficas relacionadas con COVID-19. Yo mismo he visto como los comités de los barrios se han ofrecido a ayudar a mis ya mayores padres con la compra de comida, ya que no se les permite salir de casa. Es muy tranquilizador saber que incluso gente desconocida está dispuesta a ayudar a mis padres para que estén a salvo.

 

 

Foto: The Guardian. Un banco de alimentos en Herbert Von King Park, en Brooklyn (Nueva York, Estados Unidos) el sábado 16 de mayo de 2020.

 

Así pues, aprendamos de la pandemia para encontrar una manera de vivir en relación con nosotros mismos y con los demás, para aprender luego a convertirla en una relación a largo plazo con la naturaleza que sea afectuosa, nutritiva y próspera.

El Sistema de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha pasado a la modalidad de emergencia, queriendo a apoyar a los países durante los próximos 12 a 18 meses a reforzar los sistemas de salud, prevenir el colapso de los sistemas de productos alimentarios y agrícolas, restablecer y reconstruir mejor sus servicios sociales básicos y otras muchas medidas para reducir al mínimo el impacto de la pandemia en las poblaciones más vulnerables. La compasión y la voluntad de ayudar a los demás es el núcleo de esta labor. Muchos otros están aportando conexión, atención y conciencia en su trabajo. En todas partes, los ciudadanos están mostrando empatía, amabilidad y generosidad hacia los demás. ¿Durará?

Debemos nutrir y cultivar estos brotes verdes de compasión. El enfoque integrado del PNUD para mejorar los sistemas socioeconómicos y medioambientales proporciona un excelente hogar para ello. Son semillas poderosas para una recuperación profunda y sostenible, así que tratemos de hacer de esto la base de una revolución en el cambio de la relación de la sociedad con la naturaleza.

 

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